lunes, 7 de septiembre de 2009

poemas del modernismo

Caupolicán

Es algo formidable que vio la vieja raza;

robusto tronco de árbol al hombro de un campeón

salvaje y aguerrido, cuya fornida maza

blandiera el brazo de Hércules o el brazo de Sansón.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,

pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,

lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,

desjarretar un toro o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,

le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,

y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

"¡El Toqui, el Toqui!", clama la conmovida casta.

Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo "Basta",

e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

Melancolía

Hermano, tú que tienes la luz, dime la mía.

Soy como un ciego. Voy sin rumbo y ando a tientas.

Voy bajo tempestades y tormentas

ciego de ensueño y loco de armonía.

Ese es mi mal. Soñar. La poesía

es la camisa férrea de mil puntas cruentas

que llevo sobre el alma. Las espinas sangrientas

dejan caer las gotas de mi melancolía.

Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo;

a veces me parece que el camino es muy largo,

y a veces que es muy corto...

Y en este titubeo de aliento y agonía,

cargo lleno de penas lo que apenas soporto.

¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?

Lo fatal

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,

y más la piedra dura, porque ésta ya no siente,

pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,

ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,

y el temor de haber sido, y un futuro terror...

Y el espanto seguro de estar mañana muerto,

y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,

y la carne que tienta con sus frescos racimos

y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos

ni de dónde venimos...!

poemas del modernismo

POEMAS DEL ROMANTICISMO

Celos

Me mataban los celos
por un amor imposible
que nunca fue amor,
que nunca fue para mí.
Sentía un dolor
que quemaba por dentro
y destrozaba mi razón
como un tornado un pueblo.
¿Y ahora qué pasó?,
¿todo desapareció
y ya no queda nada?.
¿Es tanto mi amor
por mi verdadero corazón
que ya no siento nada
por quien pensé
que era a quien amaba?.
Todo el hechizo se rompió.
Todo lo que sentía, desapareció.
Ya no queda nada.
Los celos
no son puñales que se clavan
en el fondo del alma;
no existen celos
porque ya no existe nada.

La muerte enamorada.


Cómo enciende la triste pregunta que da tu suspiro
Cómo parece tu vida que muere ansiosa en mi alma
Soy noche en silencio, silencio de sombra invisible
Que sangre temida guardando tu imagen golpeada
En mi esqueleto que timbra si me miras en tu cama.

Y si yo te contara que timbra mi mar por tu culpa
En el mundo acostado sin calma
Que de tu cuerpo brotara conciencia
Por tus sueños y el sueño que encuentro
Mientras abro un abismo en tu ser.
Ah la muerte enamorada me llaman sin reproche y me aparezco en tu llanto
Tanto se cubre la sombra apenada de horas
Tanto se cubren los mustios
Que encienden los avernos
De mi desahuciada nobleza.

Y si el ocaso pregunta que sueño ha calmado mis deseos
¿Porqué, de todos, preguntaría
que tu alma es la ausencia de un vicio que truena
las costumbres atroces?
Miro el averno en tus ojos,
Mido el pecado en tu padre
Siento en toda mi muerte el valor de la vida de tu escaso frío.

Y quiero llevarte y quiero robarte en mi penumbra
Y quiero vivir en tu noche de hiedras
Con fervor de ahogar este grito de cantos
Y olvidarme de tu hambre.

Ah la muerte que permanece
Recostada en tu existencia.


Una gota de sal

Vi en sus ojos una lágrima, una gota de sal que quedó en mi pañuelo, una herida profunda que ardía, una cruel despedida y tus manos de ruego y tus labios de fuego en el último beso.


Fue mi blanca paloma que volaba hasta el cielo su vestido imitaba al sol su mirada al alba. La creí un ángel la forme en mis sueños pero solo fue intento de mi mente en un hondo recuerdo.

Fue la luz de mi vida, resplandor de mi alma, fue volcán de mi sangre, pero también fue la mar para apagar la llama.

Hoy no esta pero mis ojos la ven cuando se cierran y ahora una gota de su mar sale de mis ojos y como ella descansan en mi blanco pañuelo, está la mía, está la de ella y pensar eso aún me sirve de consuelo.

POESIA COLOQUIAL

POEMA COLOQUIAL
De repente, un sol se apaga en el rapto fugaz
de una serpiente.

Se mira la gente como enlutada, entre aromas de albahaca,
y la calle se ha puesto un poco loca,
un poco repleta de semáforos y bocinas,
un poco atisbada entre piquetes, entre humo negro, entre pechos
que arden y son tuyos,
inevitablemente.

Tienen la política entre las piernas, y la ideología se dispara
entre suspiros como una automática del primer mundo.

Dame de nuevo una manzana, dame ese rapto fugaz entre luces rojas
y soles apagados,
dame el deseo, devolvelo, turra diosa de esperanto que nadie
entiende pero todos ambicionan.

Vení, retorná, felicidad amable.
Todos te añoran, lo aseguro.

LA FUENTE

Ya conozco este son: cuenta la historia
de las cosas que tienen
el alma repartida, el alma rota,
silábica de amor entre la inerme
vida de la creación: es como un bosque
de luces encendidas y en la nieve
que tan sólo alumbraran al reunirse:
como un aroma junto donde duermen
flores del sol antiguo que al mirarse
reviven, con olor, y luego vuelven
a ser en la memoria igual que un eco
de nombres diferentes,
de nombres que agonizan y que aún arden
al pronunciarse juntos, y distienden
el alma hasta que vibra
con este son, con este son, ¡con este
son, en que el ser hombre
va juntando su luz como una fuente!

GREDOS

Verde, amarilla, gris, blanca en la altura,
la vasta sierra hacia la luz descansa
como una ola quieta
en su espuma más brava.
Me detengo en el valle. Con raíces
entre la hierba se me queda el alma:
Pasa a mis pies un agua, un sobresalto,
encadenado al tiempo mis entrañas.
Crecen las flores. Dormiré un momento.
Arboles son en el cielo; ya me ampara
la tierra y va la muerte con la brisa
vigilando la altura de las plantas.
Despertaré. Despertaré. Por fuera
de los pinares sube la montaña
verde, amarilla, gris, blanca en la cumbre,
eternamente enaltecida y mansa.

POESIA ABORIGEN

Aborigen (Intemperie)



Me creció lento un idioma de mataco
y de pájaro,
cuando la madre era una fragua,
la multitud del monte nuestro nido.
Bajo los algarrobos,
una luz de madera y palo santo
encendía la patria soslayada,
el dulce del mistol, la carne del quirquincho.
...Hoy, éste espacio cada vez más desierto,
diluido en el agua del río Teuco,
casi hombre blanco desmontado de arboles.
Aborigen (Intemperie)



Me creció lento un idioma de mataco
y de pájaro,
cuando la madre era una fragua,
la multitud del monte nuestro nido.
Bajo los algarrobos,
una luz de madera y palo santo
encendía la patria soslayada,
el dulce del mistol, la carne del quirquincho.
...Hoy, éste espacio cada vez más desierto,
diluido en el agua del río Teuco,
casi hombre blanco desmontado de arboles.

Oubao-Moin

El río de Corozal, el de la leyenda dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.
El Río Manatuabón tiene la leyenda dorada.
La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.
El rio Cibuco escribe su nombre con letra dorada.

La corriente arrastra oro. La corriente está ensangrentada.

Allí se inventó un criadero. Allí el quinto se pagaba.
La tierra era de oro. La tierra está ensangrentada.
En donde hundió la arboleda su raíz en tierra dorada,
allí las ramas chorrean sangre. La arboleda está ensangrentada.
Donde dobló la frente india, bien sea tierra, bien sea agua,
bajo el peso de la cadena, entre los hierros de la ergástula,
allí la tierra hiede a sangre y el agua está ensangrentada.
Donde el negro quebró sus hombros, bien sea tierra o sea agua,

y su cuerpo marcó el carimbo y abrió el látigo su espalda,

allí la tierra hiede a sangre y el agua está ensangrentada.
Donde el blanco pobre ha sufrido los horrores de la peonada,
bajo el machete del mayoral y la libreta de jornada
y el abuso del señorito, allí sea tierra o allí sea agua,
allí la tierra está maldita y corre el agua envenenada.
Gloria a esas manos aborígenes porque trabajaban.
Gloria a esas manos negras porque trabajaban.
Gloria a esas manos blancas porque trabajaban.
De entre esas manos indias, negras, blancas,
de entre esas manos nos salió la patria.
Gloria a las manos que la mina excavaran.
Gloria a las manos que el ganado cuidaran.
Gloria a las manos que el tabaco, que la caña y el café sembraran.
Gloria a las manos que los pastos talaran.
Gloria a las manos que los bosques clarearan.

Gloria a las manos que los ríos y los caños y los mares bogaran.

Gloria a las manos que los caminos trabajaran.
Gloria a las manos que las casas levantaran.
Gloria a las manos que las ruedas giraran.
Gloria a las manos que las carreteras y los coches llevaran.
Gloria a las manos que las mulas y caballos ensillaran y desensillaran.
Gloria a las manos que los hatos de cabras pastaran.

Gloria a las manos que cuidaron de las piaras.

Gloria a las manos que las gallinas, los pavos y los patos criaran.
Gloria a todas las manos de todos los hombres y mujeres que trabajaron.
Porque ellas la patria amasaran.

Y gloria a las manos, a todas las manos que hoy trabajan

porque ellas construyen y saldrá de ellas la nueva patria liberada.
¡La patria de todas las manos que trabajan!

Para ellas y para su patria, ¡Alabanza!, ¡Alabanza!

Yerba bruja

Caminando por el monte
vi acercándose una estrella.
Yerba bruja me ató al pie.
Sentí pesada la lengua.
Debajo de los anones
un arco lanzó su flecha
que era rastro luminoso
de cucubano o luciérnaga.
Seguí andando, seguí andando

sin saber rumbo ni senda.

A un clamor de seboruco
llegué al fin.
Froté la muesca
y aspiré el humo sagrado
que hace la boca profeta.
¡Bateyes del Otuao
para la danza guerrera!

Tú gritaste, ¡Manicato!

Y yo, encima de la puerta,
cuando la noche acababa
colgué mi collar de piedra.